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EL ENGAÑO NECESARIO DE JAVIER AGUIRRE

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* El “Vasco” está jugando otro tipo de partido: el psicológico. Y en ese terreno, México sí puede ganar. Al final, puede que su estrategia no nos guste

Por Jorge Omar Vázquez Varela

Ha trascendido que Javier Aguirre ha decidido evitar que México juegue contra selecciones clase A en la antesala del Mundial. La noticia, como era de esperarse, encendió la crítica pública: que si le falta ambición, que si teme competir, que si su estrategia es cobarde. Pero la realidad, aunque duela aceptarla, es que el “Vasco” no está equivocado. Quizá su decisión no sea popular, pero sí es lógica. En el fútbol, como en la vida, a veces es preferible cuidar la ilusión que arriesgarla ante una verdad que aún no estamos listos para enfrentar.

Hoy México no está para medirse contra las grandes potencias. Basta mirar los últimos meses: nivel irregular, futbolistas sin continuidad y una generación que, aunque prometedora en nombres, sigue buscando identidad en la cancha. Lo que antes era garra y orgullo, hoy se siente más como resignación y nerviosismo. Aguirre lo sabe. Sabe que cada derrota frente a una selección de élite no solo mina la confianza del grupo, sino también la fe de una afición que ya no se sostiene del fútbol, sino de la nostalgia.

Por eso, su plan no es cobardía: es cálculo. El “Vasco” está protegiendo el único recurso que todavía puede marcar diferencia en el Mundial: la localía. Jugar en casa, con el público empujando y el clima castigando al rival, puede ser ese pequeño margen que transforme un equipo promedio en un conjunto competitivo. No es mucho, pero es lo que hay. Y Aguirre, más que nadie, entiende que en el Mundial no se avanza con discursos de grandeza, sino con pequeñas dosis de inteligencia, sacrificio y suerte.

¿Nos gustaría ver a México medirse con Alemania, Francia o Brasil antes del Mundial? Claro. Pero también sabemos cómo terminan esas historias: con ilusiones rotas y titulares crueles. Aguirre prefiere que el golpe, si llega, sea en el torneo y no antes. Prefiere que el equipo llegue creyendo, no sabiendo. En un fútbol tan emocional como el nuestro, esa delgada línea entre la fe y la frustración puede cambiarlo todo.

El “Vasco” está jugando otro tipo de partido: el psicológico. Y en ese terreno, México sí puede ganar. Al final, puede que su estrategia no nos guste, pero tiene un propósito claro: mantener viva la esperanza. Porque si algo ha demostrado el fútbol mexicano, es que cuando parece que no hay forma, aparece la garra, la improvisación y la magia de jugar en casa. Aguirre no le está huyendo a los grandes rivales. Está intentando que lleguemos al Mundial sintiéndonos grandes otra vez.

Y eso, en los tiempos que corren, ya es bastante.


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