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𝗘𝗹 𝘁𝗶𝗴𝗿𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝟰𝗧 𝘀𝗼𝗹𝘁𝗼́, 𝗹𝗮𝘀 𝗠𝗮𝗱𝗿𝗲𝘀 𝗕𝘂𝘀𝗰𝗮𝗱𝗼𝗿𝗮𝘀 𝘆 𝗲𝗹 𝗵𝗮𝗿𝘁𝗮𝘇𝗴𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘆𝗮 𝗻𝗮𝗱𝗶𝗲 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿.

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𝗣𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗜𝗻𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼 // 𝗝𝗮𝘃𝗶𝗲𝗿 𝗢𝗽𝗼́𝗻

Ayer, mientras el mundo miraba el balón rodar en la inauguración del Mundial, otra escena conmovía a la audiencia global. No era un gol, no era una coreografía. Eran mujeres. Madres. Abuelas. Hermanas. Rostros marcados por el dolor, carteles con fotos de hijos, hijas, madres y padres que la tierra se tragó sin dejar rastro.

Las Madres Buscadoras protestaron en las calles, y su grito atravesó las pantallas. Junto a ellas, transportistas, agricultores, maestros de la CNTE, estudiantes, incluso trabajadoras sexuales. Un mosaico de la indignación mexicana. Pero fueron ellas, las buscadoras, las que rasgaron el corazón del mundo. Porque no hay discurso político que opaque el llanto de una madre que pide justicia para un hijo o hija desaparecido.

Hoy, México vive en una paradoja obscena, se ufana de ser un país en “paz”, mientras acumulamás de 130 mil personas desaparecidas. Ciento treinta mil. Una cifra que no cabe en las estadísticas frías, que desborda cualquier intento de normalización.

Detrás de cada número hay una

Ayer, durante el Mundial, vimos a madres llorando, suplicando, abrazándose entre ellas. Mientras tanto, en Palacio Nacional, la preocupación no era el dolor de esas mujeres, sino quién pagó los camiones que las trasladaron. Olvidaron, quizá a propósito, el Rancho Izaguirre, ese símbolo del horror donde el exterminio de jóvenes se industrializó. Olvidaron que el país sigue siendo una fosa gigante donde el Estado no investiga, no encuentra, no castiga. Olvidaron que el tigre que AMLO prometió enjaular hoy camina suelto, y ruge cada vez que una madre se planta frente a la indiferencia oficial.

Claudia Sheinbaum, la presidenta que llegó para continuar el segundo piso de la Transformación, parece haber recibido un tigre ya herido pero aún letal. Las presiones de Trump, la violencia imparable, la crisis de desaparecidos, la economía estancada… todo se acumula. Y mientras ella y su gabinete se enredan en declaraciones torpes y cálculos políticos mezquinos, las madres buscadoras siguen cavando con palas en terrenos baldíos, porque el Estado no lo hace. Ellas son el contrapeso real. Ellas son la conciencia incómoda que este gobierno no puede comprar ni silenciar.

El tigre está suelto. No es el hartazgo que AMLO canalizó hacia las urnas en 2018. Es uno más feroz. Uno que nació de la traición a la esperanza, del cinismo oficial, de la impunidad estructural. Y ya no hay jaula que lo contenga. Porque este tigre no se alimenta de discursos. Se alimenta de verdad, de justicia, de la necesidad de que los 130 mil desaparecidos tengan un nombre, un rostro, un lugar donde descansar. Y mientras el gobierno siga negando la magnitud de la tragedia, cada madre buscadora será una garra, cada protesta un zarpazo, y cada llanto un rugido que no podemos ni queremos ignorar.


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