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Ayer, mientras el mundo miraba el balรณn rodar en la inauguraciรณn del Mundial, otra escena conmovรญa a la audiencia global. No era un gol, no era una coreografรญa. Eran mujeres. Madres. Abuelas. Hermanas. Rostros marcados por el dolor, carteles con fotos de hijos, hijas, madres y padres que la tierra se tragรณ sin dejar rastro.
Las Madres Buscadoras protestaron en las calles, y su grito atravesรณ las pantallas. Junto a ellas, transportistas, agricultores, maestros de la CNTE, estudiantes, incluso trabajadoras sexuales. Un mosaico de la indignaciรณn mexicana. Pero fueron ellas, las buscadoras, las que rasgaron el corazรณn del mundo. Porque no hay discurso polรญtico que opaque el llanto de una madre que pide justicia para un hijo o hija desaparecido.
Hoy, Mรฉxico vive en una paradoja obscena, se ufana de ser un paรญs en โpazโ, mientras acumulamรกs de 130 mil personas desaparecidas. Ciento treinta mil. Una cifra que no cabe en las estadรญsticas frรญas, que desborda cualquier intento de normalizaciรณn.
Detrรกs de cada nรบmero hay una
Ayer, durante el Mundial, vimos a madres llorando, suplicando, abrazรกndose entre ellas. Mientras tanto, en Palacio Nacional, la preocupaciรณn no era el dolor de esas mujeres, sino quiรฉn pagรณ los camiones que las trasladaron. Olvidaron, quizรก a propรณsito, el Rancho Izaguirre, ese sรญmbolo del horror donde el exterminio de jรณvenes se industrializรณ. Olvidaron que el paรญs sigue siendo una fosa gigante donde el Estado no investiga, no encuentra, no castiga. Olvidaron que el tigre que AMLO prometiรณ enjaular hoy camina suelto, y ruge cada vez que una madre se planta frente a la indiferencia oficial.
Claudia Sheinbaum, la presidenta que llegรณ para continuar el segundo piso de la Transformaciรณn, parece haber recibido un tigre ya herido pero aรบn letal. Las presiones de Trump, la violencia imparable, la crisis de desaparecidos, la economรญa estancadaโฆ todo se acumula. Y mientras ella y su gabinete se enredan en declaraciones torpes y cรกlculos polรญticos mezquinos, las madres buscadoras siguen cavando con palas en terrenos baldรญos, porque el Estado no lo hace. Ellas son el contrapeso real. Ellas son la conciencia incรณmoda que este gobierno no puede comprar ni silenciar.
El tigre estรก suelto. No es el hartazgo que AMLO canalizรณ hacia las urnas en 2018. Es uno mรกs feroz. Uno que naciรณ de la traiciรณn a la esperanza, del cinismo oficial, de la impunidad estructural. Y ya no hay jaula que lo contenga. Porque este tigre no se alimenta de discursos. Se alimenta de verdad, de justicia, de la necesidad de que los 130 mil desaparecidos tengan un nombre, un rostro, un lugar donde descansar. Y mientras el gobierno siga negando la magnitud de la tragedia, cada madre buscadora serรก una garra, cada protesta un zarpazo, y cada llanto un rugido que no podemos ni queremos ignorar.












