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La contingencia ambiental atmosférica por ozono en la Zona Metropolitana del Valle de México lleva ya varios días consecutivos activa

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* este martes 17 de febrero de 2026 se mantiene en Fase I, según informó la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe).

Por Fernando Olivas Ortiz

Ciudad de México. –  Las medidas restrictivas, incluido el Doble Hoy No Circula, continúan vigentes para reducir emisiones y proteger la salud de millones de habitantes ante la persistente mala calidad del aire.

Sin embargo, en las calles de la Ciudad de México y la zona conurbada se observa una paradoja evidente: aunque el cielo luce notablemente más limpio tras tres días de restricciones vehiculares —con menos humo y mayor visibilidad—, el tráfico sigue congestionado en puntos críticos como periféricos, avenidas principales y accesos a la urbe. Las patrullas de tránsito brillan por su ausencia en labores de agilizar el flujo vehicular, donde el caos por la alta afluencia de autos que sí pueden circular genera cuellos de botella constantes.

En lugar de ello, los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y de Tránsito parecen concentrarse en operativos selectivos para detectar y sancionar a quienes incumplen el Doble No Circula, deteniendo a conductores que —por desconocimiento o descuido— violan la restricción. Multas que superan los 2,000 pesos se aplican sin miramientos, pero no se aprecia un despliegue amplio para ordenar el tránsito en zonas de alta congestión, donde precisamente se acumulan emisiones por vehículos detenidos en filas interminables.

Esta estrategia, según críticos y observadores viales, opta por lo fácil: enfocarse en el cumplimiento punitivo de la norma ambiental en vez de atacar el problema de fondo, que incluye la saturación vial crónica, la falta de transporte público eficiente y la insuficiente promoción de alternativas de movilidad. Mientras las autoridades celebran la reducción temporal de contaminantes gracias a las restricciones, la ciudadanía percibe que el esfuerzo se queda corto al no complementarse con acciones integrales para desahogar el tráfico y prevenir que la contaminación regrese con la misma intensidad una vez levantada la contingencia.

La ironía es clara: el cielo se limpia, pero la ciudad sigue ahogada en su propio caos vial, y la respuesta oficial parece limitarse a vigilar el cumplimiento de la regla más visible, sin atacar las causas estructurales de la polución en la metrópoli más grande del mundo.


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