*Equipos como Monterrey, Tigres, América o Cruz Azul no tienen reparos en abrir la chequera cuando se trata de fortalecer su plantel
Por Jorge Omar Vázquez Varela
En el fútbol moderno, las oportunidades no solo se presentan en el terreno de juego. También se juegan en las oficinas, en las negociaciones, en esas decisiones que, con el tiempo, marcan la diferencia entre un club protagonista y uno que sobrevive de la nostalgia. Pumas acaba de dejar pasar una de esas oportunidades. Y no es cualquier oportunidad: se llama Keylor Navas.
Sí, el mismo arquero que ganó tres Champions League con el Real Madrid, que fue figura en mundiales con Costa Rica, que defendió los colores del PSG y que, a sus 38 años, aún mantiene una jerarquía innegable bajo los tres palos. Navas tenía todo para convertirse en el fichaje más importante en la historia reciente del Club Universidad. Pero no llegó. ¿Por qué? Porque Pumas no quiso o no pudo pagar una suma al parecer exigida por Newell’s Old Boys, el club argentino que estaba involucrado en el proceso.
La cifra exacta no ha sido confirmada, pero los reportes apuntan a 3 MDD, un monto que, en el contexto actual del fútbol mundial, es casi simbólico si se compara con los millones que se gastan en jugadores de nivel medio. No estamos hablando de una inversión disparatada. Estamos hablando de un portero que, aunque veterano, tiene más recorrido y experiencia internacional que cualquier otro arquero que haya pisado la Liga MX.
Y aquí es donde viene la crítica que duele, pero que debe decirse: si Pumas sigue operando con esta mentalidad pequeña, seguirá obteniendo resultados pequeños. No se trata solo de Keylor. Se trata de un patrón: jugadores que ilusionan pero no llegan, refuerzos que no marcan diferencia, plantillas desequilibradas, y una directiva que parece conformarse con competir… pero no con ganar.
Porque el futbol actual no perdona la mediocridad financiera disfrazada de “austeridad responsable”. Equipos como Monterrey, Tigres, América o Cruz Azul no tienen reparos en abrir la chequera cuando se trata de fortalecer su plantel. Saben que en esta liga y en este negocio se gana invirtiendo. Pumas, en cambio, sigue actuando como si estuviera atado a una filosofía romántica que ya no alcanza. No al menos si se quiere ser campeón.
El fichaje de Navas no solo hubiera representado un salto de calidad en lo deportivo. Habría sido un mensaje claro al entorno universitario, a la afición, al resto de la liga: “Pumas está de regreso, y va en serio”. Hubiera llenado estadios, encendido ilusiones, conectado a nuevas generaciones con el club. Pero el mensaje que terminó enviando fue otro: “no estamos listos para competir con los grandes”.
Y lo peor no es perder a Keylor. Lo peor es que la afición vuelve a quedarse con las ganas, como ha ocurrido tantas veces en los últimos años. Con promesas rotas. Con esperanzas que no se concretan. Con proyectos que se caen antes de despegar.
Pumas tiene historia, identidad, y una de las aficiones más fieles del país. Pero eso ya no basta. No en una liga donde el talento se compra y la gloria se construye también con billetes. Si el club quiere volver a ser campeón, si quiere llenar CU con sueños y no solo con nostalgia, tendrá que empezar a actuar como un grande. Porque de lo contrario, seguirá quedándose donde está ahora: viendo cómo los demás levantan copas, mientras nosotros nos conformamos con aplaudir el esfuerzo.











