* la tabla de posiciones mostró la cruel realidad: pese a su derrota, Pumas clasificaba al play-in
* La eliminación de Chivas, más allá del dolor inmediato, plantea una reflexión inevitable: ¿sigue siendo válida su grandeza histórica si torneo tras torneo se arrastra en la mediocridad?
Por: Jorge Omar Vázquez Varela
La última jornada del Clausura 2025 se vivió con el dramatismo propio de una final, aunque no se disputaba un título, sino algo más angustiante: la supervivencia. Pumas y Chivas, dos gigantes heridos, luchaban a distancia por el décimo lugar de la tabla, el último tren al play-in.
En San Nicolás de los Garza, en el Estadio Universitario, los Pumas se enfrentaban a Tigres, conscientes de que dependían de sí mismos, pero con un rival que no iba a regalar nada. El “Volcán” fue una caldera implacable: dos goles de Fernando Gorrearan parecían sepultar las esperanzas auriazules. Sin embargo, “el Memote” Martínez logró descontar para los universitarios, sembrando una pizca de esperanza que sería crucial al final.
Mientras tanto, en el Estadio Jalisco, Chivas visitaba a Atlas en un clásico de alta tensión. Fue el Rebaño quien pegó primero: un disparo de Camberos desviado terminó en un autogol de Hugo Nervo, desatando el júbilo rojiblanco. Sin embargo, el Atlas reaccionó y el “Djuka” empató el encuentro, llevándolo a una agonía de minutos finales en los que Chivas no encontró la claridad necesaria.
Cuando el silbatazo final sonó en ambos estadios, la tabla de posiciones mostró la cruel realidad: pese a su derrota, Pumas clasificaba al play-in gracias a una mejor diferencia de goles. Chivas, con el mismo puntaje, quedaba eliminado, hundido en la frustración de una temporada que nunca terminó de despegar.
La eliminación de Chivas, más allá del dolor inmediato, plantea una reflexión inevitable: ¿sigue siendo válida su grandeza histórica si torneo tras torneo se arrastra en la mediocridad? El peso de su camiseta, de su tradición y de su identidad única en el fútbol mexicano, exige más. No basta con vivir del pasado; el presente reclama respuestas urgentes para no convertir la leyenda en nostalgia.











