* La decisión es, desde el plano legal, incuestionable. Las reglas estaban sobre la mesa y el fallo del TAS simplemente las hizo valer
* El caso León no debería cerrarse con una derrota legal. Debería abrir un debate serio sobre la multipropiedad y sus consecuencias
Por: Jorge Omar Vázquez Varela
La reciente resolución del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) que impide al Club León participar en el Mundial de Clubes 2025 ha encendido un debate necesario pero incómodo en el fútbol mexicano. El argumento de fondo es claro: la multipropiedad sigue siendo un obstáculo que mina la transparencia y la competitividad del fútbol nacional. El León, al pertenecer al mismo grupo empresarial que el Club Pachuca, viola las normas de FIFA respecto a la integridad de las competencias internacionales.
La decisión es, desde el plano legal, incuestionable. Las reglas estaban sobre la mesa y el fallo del TAS simplemente las hizo valer. Pero el problema no termina ahí. La multipropiedad es una práctica tolerada por la propia Liga MX, que no solo permite sino que ha normalizado que un mismo dueño tenga más de un equipo en la primera división. En ese contexto, ¿es justo que León pague por una estructura que las autoridades locales han legitimado durante años?

Más allá de la sanción, lo que genera suspicacia es la solución propuesta. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha adelantado que probablemente se juegue un partido entre el Club América y LAFC para definir al sustituto de León. Una especie de “repechaje diplomático” que parece responder más a intereses comerciales que deportivos. América es un club históricamente vinculado a la élite del fútbol mexicano, y LAFC representa el mercado latino en Estados Unidos. ¿Coincidencia? Difícil de creer.
El fondo del asunto revela una vieja enfermedad: las reglas del fútbol moderno no solo se interpretan, también se negocian. León hizo los méritos deportivos para estar en el Mundial de Clubes, pero paga el precio de un modelo caduco que México se ha negado a reformar. Mientras tanto, la FIFA lava sus manos con partidos improvisados y decisiones que huelen más a negocio que a justicia.
El caso León no debería cerrarse con una derrota legal. Debería abrir un debate serio sobre la multipropiedad y sus consecuencias. Porque si el fútbol mexicano quiere competir en el primer mundo, tiene que dejar de operar como si viviera en otro siglo.














