*Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella consolidan el giro conservador en la región
Por Luis Tovar Ayala
CDMX. – En un contexto de profunda polarización, dos victorias estrechas pero definitivas de candidatos de derecha han marcado un hito en América Latina. Keiko Fujimori se alzó con la presidencia de Perú tras una segunda vuelta reñida, mientras que en Colombia, Abelardo de la Espriella puso fin al primer gobierno de izquierda de la historia del país.
Estos resultados subrayan la irrupción y consolidación de fuerzas de derecha en las urnas, alimentadas por el hartazgo ciudadano ante problemas persistentes como la inseguridad, la corrupción y el estancamiento económico.
Fujimori rompe el techo: primera presidenta electa en Perú
Tras semanas de escrutinio tenso, Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, logró una ventaja irreversible sobre el izquierdista Roberto Sánchez. Con poco más del 99% de las actas procesadas, la diferencia superó los 40.000 votos, un margen estrecho, pero matemáticamente insuperable dada las actas pendientes.
Fujimori, quien ya había llegado a balotajes anteriores, capitalizó el apoyo masivo del voto en el extranjero y en zonas urbanas, convirtiéndose en la primera mujer electa presidenta en la historia peruana.
Su triunfo refleja el cansancio de amplios sectores con la inestabilidad política y la gestión de gobiernos asociados a la izquierda.
En un país que ha visto presidentes fugaces y crisis recurrentes, los votantes optaron por una figura que promete orden, estabilidad económica y mano dura contra la delincuencia.
La campaña de Fujimori enfatizó la defensa de la propiedad privada, la inversión y el rechazo a experimentos estatistas que, según sus seguidores, han profundizado la brecha entre promesas y resultados.
Colombia vira a la derecha: fin de la era Petro
Casi en paralelo, Colombia vivió un terremoto político. Abelardo de la Espriella, abogado y empresario de derecha radical al frente del movimiento Defensores de la Patria, derrotó por un margen inferior al 1% al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, delfín del presidente Gustavo Petro. Con cerca de13 millones de votos,
De la Espriella pondrá fin al primer cuatrienio de izquierda en la historia colombiana.
Su victoria, confirmada por el Consejo Nacional Electoral, representa un rechazo contundente a las políticas progresistas que, para muchos, no lograron controlar la violencia ni reactivar la economía de manera sostenible.
De la Espriella, respaldado por sectores conservadores y con guiños a figuras como Javier Milei o Donald Trump, prometió “venganza” contra la izquierda —en términos de revertir políticas—, mayor seguridad y un enfoque pragmático proempresa.
La irrupción de la derecha: más que una pausa
Estos triunfos no son aislados. Se suman a un patrón regional visible en países como Argentina, Chile, Paraguay y otros, donde electorados castigaron a administraciones de izquierda o centro-izquierda por promesas incumplidas, escándalos de corrupción y deterioro en seguridad. La “marea rosa” de principios de siglo da paso a un giro hacia opciones que priorizan resultados concretos: crecimiento, estabilidad y orden público.
La nueva clase media surgida de bonanzas pasadas parece haber reinterpretado su progreso como fruto del esfuerzo individual más que de transferencias estatales. Ante el estancamiento, inflación e inseguridad en varios países, muchos optan por propuestas de menor intervención estatal ineficiente, defensa de la propiedad y políticas de “mano dura”.
¿Fin de ciclo o pausa?
Analistas coinciden en que este avance de la derecha no es uniforme ni irreversible, pero sí marca un contraste claro con la ola progresista anterior. Los votantes premian cada vez más la eficiencia en la gestión por encima de la retórica ideológica. Problemas estructurales de la región —desigualdad, instituciones frágiles y dependencia de commodities— persisten, pero los electores parecen exigir gobernantes que entreguen estabilidad macroeconómica y seguridad tangible.
Perú y Colombia se unen así al mapa de un continente que, en las urnas recientes, castiga el experimentalismo y recompensa el pragmatismo.
El desafío para los nuevos gobiernos será convertir estas victorias en mejoras concretas que sostengan el cambio. Por ahora, la derecha irrumpe con fuerza, cuestionando si la izquierda latinoamericana enfrenta un retroceso estructural o solo una pausa temporal antes de reinventarse.










